El huaico que nos separa

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No son los mejores tiempos para el turismo en el Perú. No lo digo únicamente por la terrible situación de emergencia climática que afecta a la mayoría de localidades del norte y centro del país: inundaciones y huaicos de gran energía y arrastre que, hasta la fecha, han dejado más de 60.000 damnificados, alrededor de 8.000 viviendas colapsadas y casi 2.000 kilómetros de carreteras destruidas, según fuentes oficiales, además de numerosos puentes inservibles y grandes extensiones de tierras agrícolas perjudicadas. También menoscaba al país la postergación de la construcción del aeropuerto de Chinchero, la obra en infraestructura más esperada por la industria del turismo y por los ciudadanos del Cusco.

La obra en mención permanece suspendida por los problemas de solvencia de Kuntur Wasi —consorcio integrado por Corporación América y Andino Investment Holding— que ganó la licitación durante el gobierno de Ollanta Humala. Esta incluye el diseño, financiación, construcción, operación y mantenimiento del aeropuerto. La demora se agudizó cuando el Congreso de la República decretó un pedido de interpelación al ministro de Transportes y Comunicaciones, Martín Vizcarra, por su decisión de no anular el contrato. Ante la grave coyuntura climática, esta solicitud fue dejada en suspenso semanas después por el propio Parlamento.

Con la construcción del nuevo aeropuerto, que acogerá anualmente el tránsito de cinco millones de personas, se podrá recibir vuelos directos internacionales a la Ciudad Imperial, sin necesidad de escalas en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima. Este nuevo terminal reemplazará al actual aeropuerto Alejandro Velasco Astete, cuya infraestructura es anticuada y su ubicación perjudica al entorno debido a que está situado en pleno centro de la ciudad, lo que también impide recibir vuelos internacionales, sumado a la imposibilidad de recibir vuelos luego de las 16.00 horas.

Elaborado bajo el esquema de la asociación público-privada, el proyecto adjudicado a Kuntur Wasi debió iniciar en el primer semestre del 2016 y concluir en el 2020, y demandaría una inversión de 530 millones de dólares. Sin embargo, los trabajos nunca se iniciaron, puesto que Kuntur Wasi anunció que no contaba con fondos para intervenir el terreno. Ello motivó a que el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski ingresara una adenda al contrato inicial, a través de la cual comprometía al Estado a realizar la financiación de las obras por 265 millones de dólares. Esto generó todo un cisma político, ya que hubo muchos detractores que criticaron el hecho de que esta asociación público-privada ha pasado a ser solo pública. Asimismo, existía el citado pedido de interpelación al ministro Vizcarra, quien, por cierto, también es el actual primer vicepresidente de la República.

Está claro, entonces, que hasta el momento nada se ha avanzado al respecto, teniendo en cuenta que uno de los grandes frenos para el crecimiento en el volumen de turistas en nuestro principal destino está en su terminal aéreo. Una vez más, la gestión pública —así como esta pugna de poder entre los poderes Ejecutivo y Legislativo— juega de espaldas a los intereses del país. De esta manera, no esperemos que la inversión privada se multiplique como combustión espontánea. Basta ya de autogoles.

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